Más de un millar de fieles participaron este año en el Rito de Elección y el Llamado a la Conversión Continua. (Foto/archivo)
Más de un millar de fieles participaron este año en el Rito de Elección y el Llamado a la Conversión Continua. (Foto/archivo)

La fe es, a la vez, un regalo divino y la respuesta humana libre al amor de Dios revelado en Jesús por el poder del Espíritu Santo. Nosotros nos movemos constantemente entre la conciencia y la apertura al inmerecido regalo de Dios de la gracia sobrenatural y nuestra respuesta personal a Dios en actos de fe.

En los dos primeros domingos de Cuaresma, la Iglesia invita y da la bienvenida a hombres, mujeres y niños que buscan pertenecer a la familia de la Iglesia a través de los Sacramentos de Iniciación: Bautismo, Confirmación y Eucaristía. Este ritual litúrgico, llamado el Rito de Elección, y un Llamado a la Conversión Continua, es una expresión conmovedora de fe. Cualquier persona que tenga el privilegio de presenciar este ritual de Cuaresma encontrará que su fe se profundizará al ver a los catecúmenos y candidatos a la comunión plena iniciar un intenso período de preparación espiritual en compañía de sus catequistas, patrocinadores y padrinos.

Al participar en este antiguo rito que se remonta a unos 2.000 años, estos hermanos y hermanas en la fe se convierten en enlaces vivientes en una cadena de fe que los conecta con los primeros cristianos en los primeros siglos de la vida de la Iglesia. Entonces, como ahora, los adultos que eligen responder a la inconmensurable generosidad de Dios y al llamado de la gracia se convierten en recordatorios elocuentes para el resto de nosotros de las bendiciones que vienen con perseverar en la fe.

La fe en tiempos de crisis

El año pasado, cuando las revelaciones de mala conducta del clero sacaron a luz el sufrimiento de los sobrevivientes y causaron frustración general, agitación y división, los que ingresan a la Iglesia en esta Pascua nos enseñan lecciones profundas sobre la naturaleza y el poder de la fe. Su testimonio ofrece respuestas conmovedoras a las incertidumbres de los católicos laicos y de aquellos que sirven a la Iglesia, quienes pueden preguntar: “¿Por qué soy católico?” o “¿Qué tan efectivo es mi ministerio en tiempos de crisis de la Iglesia?” y “¿Cómo puedo ser un agente de sanación y renovación de la Iglesia hoy?

He aquí tres lecciones que he aprendido y he tenido el privilegio de escuchar de los catecúmenos y candidatos a la comunión plena, que viajarán con el resto de nosotros a través de la Cuaresma hasta la Pascua de este año. Usted puede ser elevado espiritualmente de manera similar por las historias de fe de catecúmenos y candidatos en su propia comunidad parroquial.

1. “Diez mil dificultades no hacen una duda”, en las palabras del cardenal John Henry Newman.
El padre David Fitz-Patrick, párroco de la parroquia de Nuestra Señora de la Victoria en Washington, DC, habla de una catecúmena que está en el camino a los sacramentos de la Pascua este año. Después de que sus padres tuvieron una pelea con su párroco hace muchos años, ella y sus hermanos no recibieron ninguno de los sacramentos. Ella asistió a escuelas primarias y secundarias católicas y se graduó de la Universidad de Santa Clara. Ahora, como joven adulta recién casada, está convencida de que éste es el momento adecuado para abrazar la fe católica a la que siempre sintió que pertenecía. La experiencia desafiante de su familia no la llevó a dudar o separarse de la gracia vivificante de los sacramentos de la Iglesia. Para alegría de su esposo, sus cinco hermanos y la comunidad parroquial, será bautizada, confirmada y recibirá la Primera Eucaristía en la próxima Vigilia Pascual.

2. La fe es un don sobrenatural de Dios. Para ejercitar la fe, uno debe tener la gracia de Dios.

Raquel es una estudiante de primer año que se especializa en historia medieval en la Universidad de Georgetown. Su viaje de fe comenzó en las raíces presbiterianas y judías de su familia. Desde la secundaria, ella consideró los reclamos verdaderos del cristianismo, pero siempre desde la distancia. Luego, por un tiempo, se consideró a sí misma como una atea. Sin embargo, su perspectiva cambió durante una enfermedad en forma de una afección cardíaca congénita descubierta durante su adolescencia. “Después de mi diagnóstico, me di cuenta de que no debería estar viva”, dijo. La experiencia de enfrentar su mortalidad a una edad temprana la llevó a formular las preguntas más fundamentales de la vida: “¿Quién soy yo?” y “¿Cuál es el significado y el propósito de mi vida?”.

Raquel comenzó a buscar respuestas en las cosas que más disfrutaba, pasando de la literatura a la historia a la teología. La lectura de las obras completas de Shakespeare le provocó un interés en la Edad Media, la era de la civilización cristiana y la fe. Descubrió los escritos de Santo Tomás de Aquino, cuya síntesis de fe y razón fue intelectualmente convincente para ella. A través de la lectura personal y el estudio de la historia de la Iglesia, Raquel se sintió atraída por la Iglesia Católica.

“Descubrir la historia de la Iglesia ayudó en realidad a mi decisión de convertirme en católica”, admitió. Raquel llegó a ver que a lo largo de 2.000 años de historia de la Iglesia, ha habido temporadas de decadencia y renovación, de debilitamiento y fortaleza. Desde una perspectiva histórica, Raquel llegó a comprender que la Iglesia “es a la vez santa y siempre en la necesidad de ser purificada”, como señaló el Concilio Vaticano II. Su iluminación gradual de la mente y el corazón fue el trabajo seguro de la gracia de Dios y la ayuda interior del Espíritu Santo, que abre los ojos de la mente y mueve el corazón más cerca hacia Dios.

3. La fe busca la comprensión y la sabiduría arraigada en la palabra de Dios, reemplazando la duda, la indiferencia o la desesperación.
El Catecismo de la Iglesia Católica (158) nos dice que “es inherente a la fe que el creyente desee conocer mejor a aquél en quien ha puesto su fe... un conocimiento más penetrante suscitará a su vez una fe mayor, cada vez más encendida de amor”.

De niños, Amber y Nathan asistían a iglesias protestantes fundamentalistas y evangélicas con sus familias. Amber recuerda haber asistido a servicios de adoración que en su mayoría eran conciertos de rock. Poco después de conocerse en la universidad, ellos descubrieron que durante mucho tiempo habían estado avanzando en caminos paralelos hacia la fe católica. Inmersos en la palabra de Dios desde la infancia, se dieron cuenta gradualmente de que la carga de interpretar las Escrituras no podía descansar en ningún individuo aislado de una comunidad de fe y de una tradición histórica. Y así, su viaje a la Iglesia Católica continuó a través de la universidad. Luchando con la cuestión del origen del canon de las Escrituras, Amber llegó a los cimientos de la vida y la tradición de la Iglesia que existían antes de que el Evangelio tomara forma escrita.

El diácono Neal Conway ha caminado con Amber y Nathan durante varios meses a través del programa Rito de Iniciación Cristiana de Adultos en la Parroquia St. Jerome en Hyattsville, Maryland. Al igual que muchos líderes dedicados de RICA, catequistas y patrocinadores en parroquias de toda la arquidiócesis, él sirve como un guía fiel de catecúmenos y candidatos para la comunión plena mientras realizan sus viajes personales de fe.

Involucrado en el RICA durante unos 18 años, el diácono Conway continúa siendo profundamente inspirado y confirmado en la fe a través del testimonio de quienes lleva a los sacramentos de la Pascua. Está convencido de que Amber y Nathan, y muchos otros como ellos que se preparan para los sacramentos de la Pascua, nos muestran cómo mantenernos cerca de la palabra de Dios que da sabiduría y gracia para perseverar en la fe durante los tiempos difíciles.

Una nube de testigos
El catecismo (162) nos recuerda que “para vivir, crecer y perseverar hasta el fin en la fe debemos alimentarla con la palabra de Dios; debemos pedir al Señor que la aumente; debe ‘actuar por la caridad’, ser sostenida por la esperanza y estar arraigada en la fe de la Iglesia”. Durante los momentos difíciles, permanecer cerca de la palabra de Dios, confiar en que el Señor aumentará la fe y trabajar en la caridad para la renovación de la Iglesia, es un camino seguro a través de las heridas y divisiones causadas por el escándalo.

La Iglesia da la bienvenida y agradece a los hombres y mujeres que construirán el Cuerpo de Cristo en esta Pascua. Necesitamos su testimonio de fe, ahora más que nunca, porque ellos nos enseñan a perseverar en la fe, especialmente en los días difíciles, manteniendo nuestra mirada fija en Dios, cuyo amor constante revelado en Jesús continúa animando a la Iglesia con el poder vivificante del Espíritu Santo. Al entrar en la gozosa compañía de los elegidos, durante el Rito de Elección y el Llamado a la Conversión Continua, su testimonio vivo nos alienta a todos en nuestro viaje de Cuaresma en las palabras de la Carta a los Hebreos (12,1-2): “Por lo tanto, ya que estamos rodeados por una nube tan grande de testigos, depongamos, pues, toda carga inútil y en especial las amarras del pecado, para correr hasta el final la prueba que nos espera, fijos los ojos en Jesús, el pionero y perfeccionador de nuestra fe”.

* Secretaria de Educación de las Escuelas Católicas de la Arquidiócesis de Washington.