El papa Francisco celebra una misa durante su viaje apostólico Emiratos Árabes Unidos.  Foto/VN
El papa Francisco celebra una misa durante su viaje apostólico Emiratos Árabes Unidos. Foto/VN

El papa Francisco concluyó este martes un nuevo viaje apostólico internacional, el 27º de su pontificado, que lo condujo a los Emiratos Árabes Unidos, un nuevo país nunca antes visitado por un Pontífice, especialmente por su condición de ser una nación de mayoría musulmana. Otros colores y otras imágenes, en otra geografía, tras lo vivido en Panamá con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud.

El mismo Obispo de Roma antes de partir manifestaba en su video mensaje a los ciudadanos de esta tierra –que “quiere ser un modelo de convivencia, de hermandad humana y de encuentro entre diferentes civilizaciones y culturas, donde muchos encuentran un lugar seguro para trabajar y vivir libremente, en el respeto de la diversidad”– que se sentía feliz por la ocasión que le brindaba el Señor para escribir “una nueva página de la historia de las relaciones entre las religiones, que confirma que somos hermanos aunque seamos diferentes”.

También agradecía a su “amigo y querido hermano el Gran Imán de Al-Azhar, el Dr. Ahmed Al-Tayeb”, junto a todos los que colaboraron en la preparación del encuentro, por “el valor y la voluntad de afirmar que la fe en Dios une y no divide”, sino que “acerca aún en la distinción, y aleja de la hostilidad y de la aversión”.

En su cosmovisión el Santo Padre ve más allá de lo sencillamente contingente. De hecho, manifestaba su alegría por encontrar a un pueblo “que vive el presente con la mirada puesta en el futuro”.

Hermandad humana

Y no dejaba de agradecer al Jeque Mohammed bin Zayed bin Sultan Al Nahyan, su invitación a participar en el encuentro interreligioso sobre el tema “Hermandad humana”, que constituyó el motivo de su viaje.

Igualmente, hoy, al despedirse de los Emiratos Árabes Unidos, en su telegrama al Príncipe heredero, el Obispo de Roma le renovó su profundo aprecio y agradecimiento, sin olvidar a los miembros del gobierno y a la población por la “calurosa bienvenida y generosa hospitalidad”.

Poco antes, en el aeropuerto presidencial de Abu Dabi había tenido lugar la ceremonia conclusiva con el mismo tono de estima recíproca. Procedentemente, el Pontífice había presidido la primera Misa pública en el gran centro deportivo de esta ciudad y en la que participaron unas ciento ochenta mil personas, no sólo fieles católicos que pertenecen a un centenar de nacionalidades, sino también unos cuatro mil musulmanes deseosos de escuchar al Obispo de Roma. 

A los católicos Francisco les recordó que las “Bienaventuranzas no son para súper-hombres, sino para quien afronta los desafíos y las pruebas de cada día”. Sí porque como les dijo en su homilía, quien las vive según el modo del Señor, purifica el mundo, como “un árbol que, aun en la tierra árida de la península arábiga, absorbe cada día el aire contaminado y devuelve oxígeno”. Por eso les deseó que estén “arraigados en Jesús y dispuestos a hacer el bien” a todo el que está cerca de ellos” y, en fin, que sus comunidades “sean oasis de paz”.

Volviendo al motivo de su viaje, Francisco firmó el 4 de febrero junto al Gran Imán de Al-Azhar el documento titulado “Fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común”.

En efecto, tal como afirma el director ad interino de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Alessandro Gisotti,  “representa un paso de gran importancia en el diálogo entre cristianos y musulmanes y un poderoso signo de paz y esperanza para el futuro de la humanidad”. Se trata de “un llamamiento acuciante para responder con el bien al mal, para fortalecer el diálogo interreligioso y promover el respeto mutuo, para bloquear el camino a aquellos que soplan sobre el fuego del choque de civilizaciones”.

Ambos líderes religiosos “han indicado juntos un camino de paz y reconciliación que pueden recorrer todos los hombres de buena voluntad”, no sólo los cristianos y los musulmanes. De ahí el carácter “valiente y profético” del texto que no teme enfrentar los temas más urgentes de nuestro tiempo sobre los cuales, quienes creen en Dios, están llamados a interpelar sus conciencias y asumir con confianza y decisión su responsabilidad de dar vida a un mundo más justo y solidario.

Nadie está autorizado a instrumentalizar el nombre de Dios

Tanto el Papa como el Gran Imán advierten que “nadie está autorizado a instrumentalizar el nombre de Dios para justificar la guerra, el terrorismo y cualquier otra forma de violencia”. Y reafirman que “la vida debe salvaguardarse siempre”, al igual que “los derechos de las mujeres”, rechazando cualquier práctica discriminatoria contra ellas.

En fin, ante una humanidad herida por tantas divisiones y fanatismos ideológicos, el Pontífice y el Gran Imán de Al-Azhar muestran que “promover la cultura del encuentro no es una utopía, sino la condición necesaria para vivir en paz y dejar a las generaciones futuras un mundo mejor”. Vaticano News