Una de las apariciones de la Virgen María más reconocidas por la Iglesia es la de Nuestra Señora de Fátima. ¿Qué es lo que hace que esta aparición sea tan especial y por qué el mundo católico y otros tantos sectores de la humanidad, después de más de cien años, continúan recordando y reflexionando en el mensaje enviado por la Madre de Dios al mundo por medio de tres pastorcitos?  Les invito a reflexionar sobre tres circunstancias que no deben pasar desapercibidas si en realidad deseamos llegar al fondo del mensaje de Fátima y el significado para nuestro tiempo.

Es importante antes de hablar o recordar el mensaje de Nuestra Señora, centrarnos y meditar en el instrumento que ella eligió para enviarlo. En nuestro tiempo de comunicaciones cibernéticas, pensaríamos que la mejor Evangelización es la que se hace con el mejor computador y por medio de la mejor red social.

Sin embargo, esa nunca ha sido la forma más común que Dios ha elegido para comunicarse con el mundo, y es María Santísima la que nos recuerda el amor que Dios tiene por los humildes y sencillos de este mundo al escoger a tres niños para que fueran sus mensajeros. Evidentemente, Lucía, Francisco y Jacinta a su corta edad representan el amor y la sencillez de niños que -aunque no estudiaron teología o fueron a una universidad- no les impide reconocer la presencia de María y de su amor que les elige y les tiene deparada una misión a su corta edad. En Fátima vemos cómo lo ordinario, y a lo mejor lo que no cuenta, lo elige Dios para realizar los milagros, puesto que el mensajero es tan solo un instrumento del poder infinito de Dios. María es intercesora, no dadora y el milagro se obra por la voluntad de su Hijo Jesucristo.

Esto nos debe servir a todos nosotros cuando a lo mejor encontramos cruces o retos en la vida imposibles de asumir, recordemos cómo unos niños que tan solo comenzaban a vivir se abrieron a la aventura de la oración, del profetismo y del cumplimiento de la voluntad de Dios en sus vidas, confiados de que nunca serían defraudados por la Santa Madre de Dios. Esto no quiere decir en ningún momento que la jornada fue fácil y que la pena y la ansiedad no se hicieron esperar, sin embargo, la profunda convicción de permanecer en la verdad les dio a estos tres niños la absoluta convicción de portar un mensaje veraz, no producto de su imaginación, sino un mensaje de María respecto al amor de Dios ofrecido a hombres y mujeres. No tan solo aquellos que vivían a comienzos del siglo pasado, sino un mensaje válido para las generaciones del futuro, como hoy después de tantas décadas lo podemos observar.

En necesario ahora contemplar y reflexionar sobre el mensaje de María Santísima. En sus mensajes siempre está presente la promesa del cielo, este sería el punto más hermoso del mensaje de Fátima, puesto que el presente y las circunstancias difíciles de los pueblos europeos en ese momento son importantes y el mensaje se refiere a lo mismo. Mas, si este mundo es importante y la paz de los pueblos también como un fruto de la buena voluntad de hombres y mujeres, que forja en esperanza un mejor mundo que puede coexistir en el don de la paz, eso no debilita el poder de la promesa de Jesucristo, es decir, del Cielo que nos aguarda a cada uno de nosotros. El mensaje de Fátima enfatiza la necesidad de volver a Dios, a nuestra propia fuente. Evidentemente, si seguimos y cumplimos de corazón y a cabalidad la vocación a la cual hemos sido llamados tendremos el premio de la eternidad, esto puede ser vivido a lo largo de la vida y en muchos años de existencia como lo fue el caso de Lucía. O puede ser veloz pero igualmente intenso en el amor de Dios y la revelación de su Santa Madre la Virgen María, como lo fue para Francisco y Jacinta, quienes murieron algunos años más tarde de las apariciones. ¿Qué es lo que hace tan especial la vida de estos tres niños y el mensaje a ellos confiado? Es la vocación a la amistad con Dios, y su Santa Madre, agradándole con sus vidas y obras. Es por esto que Lucía, Francisco y Jacinta no le temen a la cárcel o a los insultos o los maltratos. Ellos tienen en sus corazones y mentes un tesoro el cual deben compartir con todos aquellos que se abran a la fe y se sientan invitados a participar de esta misma aventura de relación y amor a Dios y a la Santa Madre.

En este segundo planteamiento de Fátima podríamos concluir que lo mejor que pudo haberles sucedido a estos tres niños es el haber encontrado en la presencia, diálogo y amor de María un claro aliciente para alimentar y fortalecer su anhelo de santidad en esta vida, que en silencio les llevaría a reiterar su profundo deseo de ser merecedores de la otra. María enciende y alimenta en su diálogo con estos tres pequeños su deseo por la Eternidad. Qué alegría sentimos cuando encontramos en la vida personas que con sus palabras, sonrisas y buena disposición nos ayudan a saber que hay un cielo esperando por nosotros. La vocación a la Eternidad, es la vocación a lo Divino, a nuestra amistad con Dios, a saber, que Dios está muy dentro de nosotros y que, si le permitimos a su Espíritu Santo guiarnos, el Espíritu nos hará poderosos instrumentos de ese amor de Dios en este mundo, que nos llevará a encontrar la plenitud de la Eternidad en el cumplimiento del Reino de Dios.

Por esta razón, al recordar las apariciones de la Virgen en Fátima tenemos que tener presente sus recomendaciones e invitaciones no tan solo a estos pastorcitos, sino -en la persona de ellos- a todos nosotros a amar los caminos de Dios, a no ofenderle con nuestros comportamientos, pero ante todo a encontrar en su presencia de Madre de Dios a nuestra abogada y a nuestra madre. Orar con el Santísimo Rosario es tener en nuestras manos un verdadero instrumento de comunicación con la voluntad y la misericordia de Dios. Hemos sido testigos cómo durante estos primeros pasos del tercer milenio de la cristiandad, tres pontífices han llegado a Fátima a orar a nuestra Señora por la paz de la humanidad mediante la recitación del Santo Rosario.

El papa Francisco nos recuerda que en momentos de oscuridad debemos siempre elegir el camino de la oración que evidentemente nos llevará siempre a la paciencia y a la esperanza en la providencia de Dios. Es por esto que al orar por la intercesión de María Santísima y por la recitación de su Rosario encontramos en ella nuestro refugio y el camino que nos conduce a Dios.

La beatificación de Francisco y Jacinta efectuada por el papa Francisco con ocasión del centenario de las apariciones de Fátima es un recordar -en la rica y milenaria historia de la salvación- como Jesús se continúa haciendo presente en la vida sacramental de la Iglesia, por la persona de su Madre y su Inmaculado Corazón, y en la vida de los humildes que en la imagen de los pastorcitos ha influido con su mensaje y suscitado el amor de generaciones al Inmaculado Corazón de María, su testimonio y amor a la misión a ellos encomendados afirma que los milagros de Dios aún se hacen presentes en la vida de la humanidad.

Les invito a que no olvidemos durante la recitación de nuestro rosario diario, consagrar al mundo entero al Inmaculado Corazón de María, puesto que la Virgen María intercederá ante su Hijo Jesucristo para que Él nos bendiga con el don de la Paz.