El padre Miguel Ángel Fuentes habla sobre la importancia de los 50 años de la encíclica Humanae Vitae. (Foto/AA)
El padre Miguel Ángel Fuentes habla sobre la importancia de los 50 años de la encíclica Humanae Vitae. (Foto/AA)

Se cumplen 50 años de la encíclica Humanae Vitae enfocada en la regulación de la natalidad, difundida en julio de 1968 por el papa Pablo VI, quien fue canonizado el 14 de octubre en el Vaticano.

Se pronuncia en oposición al aborto, la esterilización y todo tipo de anticoncepción antes, durante y después del acto sexual. 

San Pablo VI se fundamenta en que el acto conyugal es la unión más íntima entre dos personas, un acto profundamente unitivo, el único acto para procrear, el único que la naturaleza ha previsto para dar vida. Entonces establece en su documento que ‘todo acto matrimonial debe permanecer por sí mismo destinado a procrear la vida humana’, explicó el padre Miguel Ángel Fuentes en su presentación en la Iglesia Cristo Rey de Silver Spring, Maryland. 

El documento surgió en respuesta a un tiempo de revolución social, en un contexto muy particular ya que en 1951 ya había surgido la primera hormona de síntesis y seguidamente en 1961 la píldora anticonceptiva. 

En esa década de los ‘60, se dio una avalancha de anticonceptivos químicos. Entonces, la Iglesia Anglicana abrió las puertas a los anticonceptivos y hubo una reacción en cadena de todas las demás corrientes religiosas, excepto la Iglesia Católica.

Al mismo tiempo, se difunde una campaña masiva sobre el peligro de la superpoblación.

Entonces, la Iglesia se ve obligada a responder a am-bos fenómenos: control de la natalidad y superpoblación -según lo explicó el padre.

“La anticoncepción está condenada en las Sagradas Escrituras y la Iglesia Católica ha sido fiel, a pesar de las persecuciones que le ha acarreado”, subrayó.

El papa Juan XXIII crea una comisión de apoyo para elaborar el documento, pero muere y es Pablo VI quien continúa con el camino trazado y publica la encíclica.

Surge entre presiones de la opinión pública, opiniones divididas en la comisión asesora que contaba con una mayoría favorable a un cambio doctrinal. En ese momento, los organismos internacionales empezaron a dar apoyo a los gobiernos que apliquen el control de la natalidad.

“Pablo VI fue muy criticado y su documento fue clave y profético”, dijo el padre Fuentes al hacer un resumen de la enseñanza fundamental de la encíclica, en el marco del Día de Reflexión para las familias. 

El padre explicó que surgieron algunos documentos en apoyo al entonces pontífice, otros en tímida defensa, otros en directa oposición. 

Con la publicación de la encíclica llegó la parte más dura para Pablo VI: no sólo la incomprensión de muchos laicos católicos, sino la violenta oposición de influyentes grupos de teólogos y la ambigua posición de algunas Conferencias Episcopales (como los episcopados austriaco, belga, canadiense, francés, etcétera) que, por una parte, daban la razón al pontífice y, por otra, intentaban mitigar su enseñanza.

Entre las reacciones de los teólogos, la primera fue la Declaración firmada por 87 de ellos de la zona de Washington, sólo dos días más tarde de la publicación de la encíclica. En ella se dirige al Papa la gravísima acusación de haberse opuesto al Concilio Vaticano II, identificando a la Iglesia con la Jerarquía, contra el ecumenismo, ignorando el testimonio de los hermanos separados, contra la actitud de apertura al mundo contemporáneo, y llega así a afirmar que los católicos pueden tranquilamente ignorar la encíclica.

Más grave todavía fue la Declaración de 20 teólogos europeos al término de dos días de estudio y discusión en Amsterdam en septiembre de 1968.

“La encíclica es la cruz del papa Pablo VI. Las reacciones lo dejaron solo y recibió tal oposición como nunca la Iglesia había recibido”, dijo el sacerdote argentino, miembro del Instituto del Verbo Encarnado. 

Luego, el papa Juan Pablo II dejó un magisterio riquísimo en este tema: “La norma moral no admite excepciones”.

“No se da amor si se lo despoja de lo más valioso, que es la capacidad de procrear”, dijo el padre Fuentes, haciendo eco de las palabras del nuevo santo Pablo VI. 

Finalmente, el sacerdote habló del síndrome anti-Humanae Vitae que existe actualmente. “Vivimos en una cultura antivida y hedonista, con afán de poder y lucro, con progresismo teológico. La encíclica es doctrina infalible por ser magisterio ordinario universal”, puntualizó durante la jornada titulada “Acompañando a nuestras familias en el plan de Dios para el amor y la vida”, auspiciada por la Oficina de Vida Familiar y Diversidad Cultural de la Arquidiócesis de Washington.