Un paramédico ayuda a un niño inmigrante que llega a bordo del buque de salvamento de la ONG Lifeline al Gran Puerto de La Valeta (Malta), después de permanecer seis días en el Mediterráneo central a la espera de que algún país le permitiera desembarcar a los rescatados. Foto/EFE
Un paramédico ayuda a un niño inmigrante que llega a bordo del buque de salvamento de la ONG Lifeline al Gran Puerto de La Valeta (Malta), después de permanecer seis días en el Mediterráneo central a la espera de que algún país le permitiera desembarcar a los rescatados. Foto/EFE

El papa Francisco aseguró este viernes que ante los actuales desafíos de la inmigración "la única respuesta sensata es la solidaridad y la misericordia" y una "equitativa división de la responsabilidad", durante la misa en San Pedro que dedicó a los inmigrantes.

"Una respuesta sin demasiados cálculos, pero que exige una equitativa división de la responsabilidad, una honesta y sincera evaluación de las alternativas y una gestión mirada", añadió Francisco en esta celebración con motivo de los cincos años de la visita a la isla de Lampedusa, uno de los símbolos del drama de la inmigración y las muertes en el intento de llegar a Europa.

Para el papa argentino, que eligió esta isla como su primer viaje, "la política justa es la que se pone al servicio de todas las personas interesadas, que prevé soluciones adaptadas a garantizar la seguridad, el respeto de los derechos y de la dignidad de todos y que sabe proteger el bien del propio país".

Durante su homilía, Francisco recordó a todos los pobres y descartados y entre ellos "los inmigrantes y refugiados que continúan llamando a la puerta de las naciones que gozan de mayor bienestar".

Destacó que hace cinco años en Lampedusa, para recordar a las víctimas de uno de los naufragios, preguntó: "¿Dónde está tu hermano?".

Lamentó que las respuestas, "aunque generosas, no han sido suficientes y nos encontramos llorando hoy a miles de muertos".

Instó a levantar la voz contra las injusticias cometidas en silencio, a veces con la complicidad de muchos.

Denunció la "tentación tan presente en nuestros días que se traduce en cerrarse ante los que tienen derecho, como nosotros, a la seguridad, a una condición digna y que construye muros, reales o imaginarios, en vez de puentes".

La misa de hoy ante unas 200 personas, entre refugiados y cooperantes, rememoró la visita que el pontífice hizo el 8 de julio de 2013 a Lampedusa, lugar de dramáticos naufragios en los que murieron cientos de inmigrantes en su travesía desde África a Europa.

En los bancos de la basílica de San Pedro decenas de refugiados, entre ellos dos familias, una de Costa de Marfil y otra de Nigeria, dos jóvenes de Irak, una mujer somalí, una madre nigeriana con sus hijos y tres refugiados llegados de Mali, Nigeria y Camerún.

También asistió una representación de la ONG española Open Arms, entre ellos su fundador, Óscar Camps, que se dedican al salvamento de inmigrantes en el Mediterráneo Central. EFE