Danielle y Rafael están más unidos que nunca y se sienten felices de ser parte de la Iglesia. (Foto/Javier Díaz)
Danielle y Rafael están más unidos que nunca y se sienten felices de ser parte de la Iglesia. (Foto/Javier Díaz)

Aunque saboreaba el éxito, Danielle Barahona (27) sentía un gran vacío en su corazón que solamente Dios pudo llenar. Entonces, pasó de la Iglesia Bautista a la Católica en un acto de fe digno de compartir. Ella es una de los más de mil fieles que recibieron los sacramentos durante la vigilia pascual del Sábado Santo en las diversas parroquias de la Arquidiócesis de Washington.

Siendo niña, fue bautizada en una Iglesia Bautista en Silver Spring, Maryland. Sus padres no pertenecen a ninguna corriente religiosa, no son practicantes y no van a ninguna iglesia.

Al graduarse de la escuela secundaria, esta joven estadounidense decidió ir a estudiar en la Universidad Pontificia de Puerto Rico. Fue la primera vez que estuvo expuesta al catolicismo y allí estudió durante cinco años para ser maestra de inglés.

“En la universidad tenía miedo de ir a la iglesia, me intimidaba porque son muchas reglas y no me sentía merecedora de estar allí”, contó hace unos días. Explicó que durante esos años ponía excusas y no tenía intenciones de ser parte de la iglesia.

Entonces, regresó al área de Washington para ejercer su profesión. Desde que conoció en 2016 a Rafael Barahona, inmigrante salvadoreño de 27 años que ha crecido en un hogar católico, todo empezó a cambiar.

Y no sólo porque Danielle encontró el amor. Estaba trabajando mucho y el estrés fue creciendo, especialmente cuando tuvo que organizar su boda por civil.

“Me iba bien en el trabajo, pero sentía que me hacía falta algo y me puse a estudiar una maestría pensando que era lo que me faltaba. Cada vez que sentía ese vacío, buscaba más para estudiar o más trabajo, creyendo que con más dinero me iba a sentir mejor. El sueldo subía, pero nada me llenaba”, dijo.

Hacía todo lo posible, pero no se sentía realizada. “Lo tenía todo, pero me faltaba algo... Estaba deprimida, lloraba mucho, tenía pensamientos suicidas, me costaba conciliar el sueño y estaba abrumada”, explicó.

La situación emocional y de salud mental y física, ya estaba influyendo en su día a día. La respuesta era de índole espiritual.

En ese entonces, su esposo Rafael no era un católico activo, pero fiel a su religión la alentó a ir juntos a la iglesia.

“Yo tenía miedo de entrar a la capilla, es que no sabía nada del catolicismo y pensaba qué va a decir la gente si no comulgo”, afirmó quien incluso pasó las primeras cuatro semanas llorando en misa.

Entonces, buscando alivio, empezó sus clases de educación religiosa en RICA (Rito de Iniciación Cristiana para Adultos) en septiembre pasado en la parroquia Santa Catalina Labouré de Wheaton, Maryland. Iba creciendo su deseo de confesarse y sacarse un peso de encima.

Ahora tiene más confianza, tiene dónde depositar sus preocupaciones y dolores. Ahora dice: “Dios, te lo dejo a ti. Qué se haga tu santa voluntad”. Ya no tiene vergüenza por su pasado.

Danielle y Rafael están más unidos que nunca y se casaron el 31 de marzo por la iglesia. Luego, en la vigilia ella reconfirmó su bautismo, recibió la confirmación y primera comunión.

“Ahora estoy feliz, emocionada, porque soy parte de la Iglesia, de la comunidad de fe. Esa comunidad que antes yo pensaba que me iba a juzgar, ahora es como mi familia. Me siento súper”, dijo la joven.