Padre con su niño en brazos espera en la frontera que divide México con Estados Unidos el momento para poder presentar su solicitud de asilo. Foto/archivo
Padre con su niño en brazos espera en la frontera que divide México con Estados Unidos el momento para poder presentar su solicitud de asilo. Foto/archivo

A pesar de todo lo visto y escuchado sobre qué hacer para enfrentar la amenaza de las caravanas de migrantes centroamericanos que buscan ingresar al país amparados bajo la modalidad de asilo o refugio, la verdad es que el gobierno federal no tiene un plan coherente al respecto. En la frontera México-Estados Unidos ya se encuentra agrupados alrededor de 7.000 personas que se niegan a renunciar al tan voceado “sueño americano”, situación que tiene preocupado no solo a las autoridades, sino también a todos los que por años trabajan para erradicar la pobreza en América Central. 

Recientemente, un grupo de expertos fueron convocados por el Centro Wilson de Washington para opinar sobre las alternativas de solución al grave problema, preservar el respeto a las leyes y evitar el aumento en las detenciones de familias en la frontera.

Para Carlos Heredia, profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), la presencia de las caravanas migrantes en territorio mexicano tensado aún más las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y México, pues en la Casa Blanca piensan equivocadamente que desde Los Pinos se deben ordenar medidas radicales para impedir el flujo de migrantes hacia la frontera. “Este es un problema regional y poco se puede hacer cuando estamos por asistir a un cambio de gobierno. Es poco lógico pedirle al saliente presidente Enrique Peña Nieto que haga algo cuando está llegando su sucesor Andrés Manuel López Obrador”.

Agregó que en EEUU se tiene que entender que enfrentar una crisis humanitaria implica ejecutar medidas coordinadas de tipo legal y diplomático con los países involucrados, pero es un error pensar únicamente en una respuesta militar o represiva.    

Eric Olson, director de temas latinoamericanos del Centro Wilson, las caravanas centroamericanas evidencian una situación social y económica extrema que tiene múltiples orígenes, que se inicia en la pobreza y termina en violencia delincuencial. “El problema no es nuevo. Desde hace años miles de migrantes han hecho el mismo recorrido, con los mismos motivos e ilusiones. Lo nuevo es que estamos frente a un fenómeno masivo y una posición intolerante de Estados Unidos que no quiere respetar la tradición del asilo a los perseguidos. Es momento de replantear las estrategias de desarrollo regional, porque estamos en una situación que tiene relación directa con la supervivencia humana”.

Según Andrew Selee, presidente del Instituto de Política Migratoria, señaló que politizar la crisis migratoria en nuestro hemisferio genera una preocupante distracción de temas muy puntuales como la economía, seguridad nacional e integración estrategia regional. “No es cierto ni justo, calificar a los migrantes como ‘grupos peligrosos. Pero muchos lo ven como un hecho atemorizante, otros creen que es esperanzador y hasta algunos consideran que las caravanas muestran parte de la miseria humana. Ver madres desesperadas por solicitar asilo y niños llorando ante la confusión obliga a los políticos de turno a encontrar alternativas de solución más inteligente al problema centroamericano”.

Los tres expertos coincidieron en señalar que hoy en Estados Unidos no existen líneas de financiamiento para rediseñar los planes de la denominada “Alianza para la Prosperidad”, más conocida como Triángulo Norte de Centroamérica y que agrupa a Guatemala, Honduras y El Salvador. Desde su creación en el 2014 los desembolsos proyectados solo contemplan 750 millones de dólares.

También advirtieron que, ante la falta de voluntad política de la Casa Blanca, pensar en encontrar una solución a la crisis migratoria a corto o mediano plazo es muy difícil. La situación se vuelve más compleja, manifestaron los expertos, ante las advertencias de congelar los fondos de cooperación que Estados Unidos a dichos países sino adoptan medidas drásticas para frenar la ola migratoria. 

“Ignorar los pedidos de asilo en la frontera o recurrir a las deportaciones inmediatas no pueden ser consideras soluciones. Si Estados Unidos quiere detener la migración ilegal necesita la cooperación de México y todos países centroamericanos. Desde hace años existen múltiples propuestas regionales para fomentar empleos, mejorar la educación, combatir el narcotráfico y frenar el crimen organizado, todo indica que ya es hora de replantear las estrategias diseñadas”, acotaron.