Los estudiantes del último grado de la escuela DBCR celebran en una asamblea que todos fueron aceptados a la universidad. (Foto/cortesía DBCR
Los estudiantes del último grado de la escuela DBCR celebran en una asamblea que todos fueron aceptados a la universidad. (Foto/cortesía DBCR

Todos los estudiantes del último grado de la escuela secundaria católica Don Bosco Cristo Rey (DBCR), de Takoma Park, Maryland, fueron aceptados para ingresar a la universidad.

“La meta de nuestra escuela no es sólo preparar-los para la universidad, sino asegurarnos de que sean aceptados”, dijo el director Elías Blanco.
La buena noticia de que todos sus alumnos reciben al menos una carta de aceptación, suele ocurrir en abril; pero este año lograron su meta en noviembre, al inicio del periodo de inscrip-ciones y en instituciones académicas de cuatro años.

El estudiante Emerson Lizcano (17), de raíces salvadoreñas y hondureñas, fue aceptado en la Universidad Marymount de Virginia, donde desea estudiar biología u otra carrera de ciencias.

El proceso apenas está comenzando, así que no descarta recibir otras cartas de aceptación de la Universidad Católica de América, Drexel y Universidad de Maryland, así que también tiene en mente la carrera de arquitectura. Quien tiene un promedio de 3.9 (GPA), dijo que decantará las opciones para tomar la mejor decisión para su futuro.

“Desde el 9º grado, nuestra escuela DBCR nos traza el camino de cómo ser profesionales: nos da buena preparación académica y experiencia laboral”, expresó quien ha tenido la oportunidad de trabajar en una oficina de contadores, en una escuela y en el supermercado Safeway -como parte del currículo de DBCR.

“Si uno quiere ser alguien en la vida, lo primero es tener ganas, dedicarse a los estudios y saber lo que uno quiere”, dijo quien considera que la fe también es clave. “Es importante tener a Dios en la vida, especialmente a nuestra edad, cuando las redes sociales influyen mucho y negativamente en nosotros”, afirmó quien ya inició la solicitud de tres becas para cubrir los costos de la educación superior.

Más testimonios

El joven César Herrera (18) desde ya sabe que fue aceptado por seis universidades. Entre ellas, mencionó a la Universidad Pública Estatal Bowie, Marymount, Washington Adventist y St. Vincent. Esta última es su preferida porque allí podría estudiar la carrera que más le entusiasma: anestesiología.

Sería un gran logro para un chico que ha perdido su padre hace seis años (por asesinato) y fue criado con muchos sacrificios por su madre. Ella ni siquiera pudo concluir la secundaria y se dedica a cuidar niños, así que el logro de su hijo es un logro también para ella.

Su madre le ha insistido en que hay que trabajar fuerte para triunfar en los estudios. “Es con la educación que se puede avanzar y ser alguien en la vida”, le repite su mamá.

César, de raíces guatemaltecas, tiene un promedio de 3.4 y ha obtenido experiencia laboral en una universidad, en su escuela y ahora en Chuck E. Cheese’s. Le agradece a DBCR por sus esfuerzos para que los alumnos ingresen a la educación superior.

Él cree que la educación y la fe van de la mano. “La fe nos da energía para enfocarnos en lo que vamos a hacer”, dice quien se esfuerza por ser un ejemplo para sus tres hermanos.

Sabe que hay un vacío cuando se carece de la figura paterna. “Mi papá era alcohólico y yo hice la promesa de no caer en ese vicio y trabajo duro para demostrarles a mis hermanos que sí es posible triunfar en la escuela”.

Neyda Méndez (17), de origen salvadoreño, fue aceptada en ocho universidades como la de Delaware, Lemoyne, Old Dominion y George Mason. “Mi sueño es estudiar justicia criminal para aprender a leer la mente de los criminales, saber por qué lo hacen y descubrir sus crímenes”, dice apasionada en su meta.

Su padre se dedica a la construcción y su mamá es empleada en una tintorería. Ambos se han preocupado en que sea bilingüe y entienda la importancia de la educación.

Le agradece también a su escuela, donde -según dice- es difícil fallar porque todos los maestros están disponibles para ayudar.

Los 70 estudiantes del 12º grado celebraron su logro durante una asamblea, en la cual los varones recibieron una corbata de color negro y oro (colores de la escuela) y las chicas una bufanda color oro como símbolo de la aceptación a la universidad.