El padre Francisco Aguirre (centro) rodeado de las cinco parejas que contrajeron matrimonio en la parroquia Santa Catalina Labouré de Maryland.  Foto/cortesía SCL
El padre Francisco Aguirre (centro) rodeado de las cinco parejas que contrajeron matrimonio en la parroquia Santa Catalina Labouré de Maryland. Foto/cortesía SCL

Cinco parejas hispanas convalidaron su matrimonio, al casarse recientemente por la Iglesia, en la parroquia de Santa Catalina Labouré, en Wheaton, Maryland. El padre Francisco Aguirre, administrador de la parroquia, quien casó a las parejas, les dijo que “el Señor desea la gracia del sacramento tanto como vosotros y es inagotable en el bien que nos desea y en la felicidad que nos quiere dar”.

El director de educación religiosa de la citada parroquia, Joaquín Trejo, aseguró que las parejas que convalidaron su matrimonio han estado recibiendo la catequesis familiar durante los dos últimos años. 

La preparación específica para el matrimonio ha tenido lugar en los últimos seis meses. Una preparación que ha consistido en entrevistas con el padre o con el diácono, más dos sesiones de pre-paración que es lo requerido por la Arquidiócesis de Washington, explicó Trejo.

Dos de los contrayentes, Marlene y Juan Carlos Ramírez son salvadoreños y hace 27 años contrajeron matrimonio por lo civil. Se conocieron en El Salvador y ahora tienen 7 hijos y tres nietos. “Para nosotros lo más importante de esta boda es que vamos a celebrar el sacramento del matrimonio y a reafirmar no sólo nuestro mutuo amor, sino nuestro amor hacia Dios, hacia nuestra Iglesia”.

Uno de los motivos de las parejas para convalidar su unión es dar un testimonio a sus hijos que van a recibir la primera comunión, ya que quienes no han sido bendecidos mediante el sacramento del matrimonio, no pueden comulgar. De esta manera ofrecerán a sus hijos un regalo imperecedero que les permitirá comulgar juntos. 

A través de las bodas colectivas, la Iglesia quiere resaltar la importancia de la familia y el matrimonio para construir sociedades con valores humanitarios. El padre Aguirre se refirió al consumismo estadounidense, que desgraciadamente ha penetrado en tantas partes del mundo y, en especial, en América Latina. Y al hecho de que muchas parejas no puedan hacer realidad su sueño de casarse por la Iglesia debido a los gastos que la ceremonia conlleva. 

La mayoría de las parejas, dijo el padre Aguirre, han vivido juntas durante muchos años, y una de las razones variopintas por la cuales nunca formalizaron su matrimonio eclesial es la falta de recursos económicos. 

A lo cual añadió: “Pero nosotros ahora les damos la oportunidad para que bajo la ley de la Iglesia puedan casarse”. Este es el caso de Cristina de padres chilenos y del guatemalteco Rony Olivares, quienes se conocieron en Estados Unidos y llevan toda la vida acudiendo a la catequesis. Sin embargo, nunca pudieron llevar a cabo el sacramento del matrimonio por el gasto que ello supone.

La parroquia Santa Catalina Labouré ofreció una recepción/almuerzo después de la boda, con un costo asequible para las parejas.La parroquia brindó el espacio y contribuyó con lo necesario, con la aportación que pudo realizar cada familia.

En la boda colectiva, las parejas escenificaron el escrutinio, los consentimientos, las bendiciones, la entrega de los anillos y la oración ante la Virgen María.

Los hondureños Julio Cornejo y Xiomara Amaya, la peruana Isabel Alberta Cabana y el salvadoreño Marvin Hernández, y los salvadoreños Roxana Yanira Monterrosa de Arias y José Candelario Ariís Romero son el resto de los contrayentes que vivificaron su alianza conyugal gracias al sacra-mento del matrimonio.