La exhortación apostólica Gaudete et Exsultate (Alégrate y Regocíjate) del papa Francisco es una valiosa contribución a la enseñanza de la Iglesia sobre el llamado universal a la santidad personal, que ofrece reflexiones tanto teológicas como prácticas. Él nos recuerda en este documento que el Señor nos llama a cada uno de nosotros a perfeccionar, a su propia manera, la santidad, y en su núcleo, esta "santidad está experimentando, en unión con Cristo, los misterios de su vida", permitiéndonos ser transformados en Cristo, quien es el amor encarnado (20, 24).

Con fecha del día de la fiesta de San José, la exhortación también evoca los comentarios del santo padre sobre este hombre justo y correcto durante su visita de 2015 a clientes de Caridades Católicas. "Antes que nada, él era un hombre de fe", dijo el Papa. "Como lo hizo con José, la fe nos hace abrirnos a la presencia silenciosa de Dios en cada momento de nuestras vidas, en cada persona y en cada situación".

Si la santificación significa estar unido con el Señor que es todo santo, entonces la fe en él es esencial para la santidad. Si bien el amor caritativo es supremo, si falta Dios seguimos siendo fatalmente imperfectos. El papa Francisco nos lo advierte cuando habla del error de quienes separan el camino del amor misericordioso y la verdad "de su relación personal con el Señor, de su unión interior con él, de la apertura a su gracia" (Gaudete et Exsultate, 100). Más bien, dice él, un atributo que es absolutamente necesario en el camino hacia la santidad es la fe y la "base sólida en el Dios que nos ama y sostiene" (Id., 112).

La fe cristiana es una de las tres virtudes teologales (junto con la esperanza y la caridad), que adapta nuestras "facultades para participar en la naturaleza divina", teniendo a Dios mismo como su origen, motivo y objeto directo (Catecismo de la Iglesia Católica 1812-13 Cf. Gaudete et Exsultate, 60). Además, lo que significa "fe", explica el Catecismo, es que "creemos en Dios y en todo lo que él nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque él es la verdad misma" (Catecismo de la Iglesia Católica 1814). Por lo tanto, la fe verdadera no es algo que se experimenta puramente como individuos aislados, y mucho menos que nosotros creamos nuestra propia fe. En cambio, venimos a la Iglesia para aprender y aceptar sus enseñanzas, la revelación de Dios, para que podamos ser salvos.

El Credo es una guía segura que resume nuestro conocimiento de la fe, que abre una puerta a la plenitud de llevar una vida cristiana buena y santa. También hay otros recursos para ayudar a las personas a crecer en la comprensión intelectual del Señor y en nuestro papel en su plan, como las Escrituras, el Catecismo de la Iglesia Católica y el Catecismo Católico para los Adultos de Estados Unidos.

Sin embargo, la virtud de la fe no es un ejercicio puramente intelectual, ni actúa en el vacío. Más bien se basa y fortalece los movimientos del corazón y la mente humanos para conocer y amar a Dios.

Como una experiencia vivida, “la fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros y construir nuestras vidas”, dijo el papa Francisco en su primera encíclica, que fue sobre la Fe (Lumen Fidei, 4). Cuando aceptamos esta virtud sobrenatural infundida de fe, agrega, “cuando acogemos esta Palabra, que es Jesucristo, Palabra encarnada, el Espíritu Santo nos transforma, ilumina nuestro camino hacia el futuro, y da alas a nuestra esperanza" (Id., 7). Además, "transformados por este amor, obtenemos una visión fresca, nuevos ojos para ver" (Id., 4).

Para aquellos con fe, nosotros vemos a través de una lente iluminada por Cristo que nos permite captar mucho más. Nosotros vemos en el Evangelio las palabras de vida eterna. Vemos el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. Con estos ojos de fe, vemos en otros, en los pobres y en los que sufren, no una molestia o un obstáculo en nuestro camino, dice el Santo Padre, sino "un ser humano con una dignidad idéntica a la mía, una criatura infinitamente amada por el Padre, una imagen de Dios, un hermano o hermana redimido por Jesucristo "(Gaudete et Exsultate, 98).

Para el cristiano convencido de su fe, la vida en la condición humana puede no ser fácil, sin embargo, son conscientes de una gran verdad subyacente que hace que la vida cotidiana no solo sea inteligible, sino también una fuente de paz, alegría y fecundidad: Nosotros no caminamos solos, sino con un Señor que nos ama y cuyo plan es la "divinización" de la persona humana.

A través de la aceptación amorosa y fiel de la gracia del Espíritu, por el amor de Cristo Crucificado y Resucitado, somos perfeccionados en Dios y con Dios. Somos santificados y hechos santos. Aún más, la fe una vez entregada a los Apóstoles todavía tiene el poder de transformar al mundo, una vida a la vez, mi vida y la tuya, y la de todas las personas con las que nos encontremos, si compartimos las Buenas Nuevas de Jesucristo mientras transitamos el camino de la santidad.

* La exhortación apostólica del papa Francisco Gaudete et Exsultate ("Alégrate y Regocíjate") está disponible tanto en inglés como en español. Para comprar una copia, visite el sitio web de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, www.usccb.org.