Integrantes del grupo católico “El Camino Neocatecumenal” del área metropolitana de Washington reunidos en Panamá para la vigilia previa a la misa del papa Francisco en la JMJ 2019. (Fotos/ Martín García)
Integrantes del grupo católico “El Camino Neocatecumenal” del área metropolitana de Washington reunidos en Panamá para la vigilia previa a la misa del papa Francisco en la JMJ 2019. (Fotos/ Martín García)

De la Jornada Mundial de la Juventud, realizada recientemente en Panamá, me gustaron muchas cosas, de las cuales tengo bonitos recuerdos. Se podía sentir que los panameños estaban contentos de que estuviéramos allí, la mayoría de la gente nos trató bien.

Policías y militares –quienes estaban contentos y amables, algo que no vi en las JMJ de Brasil, Madrid o Polonia– ayudaron y guiaron a los jóvenes en el evento del camino Neocatecumenal en la hora de las vocaciones. Los paramédicos ayudaban y cantaban al igual que los militares quienes tocaban los tambores después de la misa con el papa Francisco.

Me gustaron los camiones que usamos para transportarnos. A esos vehículos se les conoce como “La Chiva” por la forma en que están diseñados con asientos que eran bancas largas ubicadas a los lados lo que ayudaba a que todos interactuáramos, habláramos y cantáramos juntos.

Me encantó la misa con el Papa, por el mensaje que nos dio, y los fuegos pirotécnicos que no vi en ninguna otra Jornada Mundial de la Juventud. La emoción y la alegría de ver los fuegos artificiales mientras cantábamos, es algo inexplicable.

¿Cómo me ayudó la JMJ?

La JMJ de Panamá me ayudó a comunicarme y hacer nuevas amistades con los jóvenes del grupo con el que viajé, ya que por lo general no hablo.

Aprendí que no debo darme nunca por vencida y, por más difícil que sea la situación que enfrente, debo decirme a mí misma que sí puedo hacerlo. Como dijo el papa Francisco: "Por favor si sienten que no pueden hacerlo, dense una bofetada y díganse sí puedo hacerlo". Esas palabras me ayudan.

Así como también las palabras del Papa y el obispo de Panamá quienes dijeron repetidas veces que los "jóvenes somos el presente, no el futuro", lo que me motiva mucho a seguir ayudando en mi iglesia tratando siempre de ser luz y de dar lo mejor de mi como católica.
El obispo de Panamá, quien me hizo darme cuenta de que muchas veces no lo soy, nos invitó a ser buenos ciudadanos católicos. “Ser un buen católico significa también ser buen ciudadano, como arrojar la basura donde debe ser, pagar tus deudas, respetar las señales de tránsito, etcétera… Lo que me ayuda mucho a ver cómo puedo mostrar signos de mi fe”.

El peregrinaje a Panamá me ayudó a discernir mi vocación: por 4 años o más pensé en ser monja o escoger vida consagrada, mas no me sentía totalmente en paz. Antes de asistir a la JMJ me preparé, entré en oración, traté de ir a misa 2 ó 3 vez por semana, confesarme una vez al mes para poder ver qué había en mi corazón y estar lista a lo que Dios quisiera de mí en Panamá.

Todo eso me ayudó a discernir día tras día, la experiencia luego del camino Neocatecumenal me lo confirmó de diferentes formas para decirme que mi vocación es el matrimonio lo que me dio una paz que aún perdura.

¿En qué condiciones fui a Panamá?

Antes de viajar a Panamá me sentía desanimada, confundida, que no podía hacer nada bien y que no tenía dones de Dios. Me sentía lejos de Él.

Ahora, que regresé, pienso que sí soy útil, que si Dios me puso en la Iglesia a ayudar con el catecismo es porque tiene algo para mi, que cada día puedo aprender algo nuevo y ayudar a un niño a crecer en su fe. Igual en mi trabajo, Él sabe qué es lo mejor para mí y me lleva a diferentes lugares que nunca había pensado.

Por último, Dios me ayudó a ser fuerte con mi salud –sé que estará siempre conmigo– y si me dio lo que tengo es para crecer en mi fe para dejarme ayudar por mi familia y estar en comunión con ellos.

Panamá fue la JMJ más corta a la que he asistido –cinco días–, pero la que disfruté al máximo y la que me ayudó a abrir los ojos.