La paz y el bienestar de los países de la región siempre serán un balance al equilibrio del hemisferio y de nuestra propia nación estadounidense. Ya en 1971, san Pablo VI en su Carta Apostólica “Octogésima Adveniens” –con ocasión del 80º aniversario de la Encíclica “Rerum Novarum” cuyo mensaje es inspirado en la justicia social– dio una respuesta en su tiempo para un mundo cambiante y en conflicto.

Después de casi cincuenta años de este mensaje, el cual exhortó  a los cristianos seglares y a la comunidad internacional a comprometerse y a optar por una visión más humana y permeable a los problemas sociales de los tiempos, desafortunadamente vemos que el índice de inmigrantes y refugiados ha crecido de una forma desorbitante. El fenómeno de la inmigración es el claro signo de nuestros tiempos que nos hace reflexionar que la paz y el desarrollo humano se aleja de las clases menos favorecidas de nuestros países, las riquezas se han reconcentrado en pocos y las esperanzas, oportunidades y sueños de los pobres se diluyen en una corriente de injusticia social.

Los cambios de estructuras a nivel político y social se deben consolidar en el diálogo y en los acuerdos, las guerras fratricidas y derramamiento de sangre inocente no dejan más que pérdidas y muchísima más pobreza.Hoy observamos con gran preocupación los sucesos que acontecen en la vida del pueblo venezolano. Como hermanos en Jesucristo nos solidarizamos en la oración por la paz y el diálogo de quienes tienen la responsabilidad de continuar animando un espíritu de concordia social y de la paz nacional. No podemos olvidar que son las familias, los niños y la juventud de esa nación quienes son la prioridad en estos momentos de conflicto interno. La Iglesia en Venezuela sabe del amor y el respaldo que tiene del papa Francisco y de la Iglesia Universal. Todos oramos por la paz de los venezolanos, por la renovación de estructuras que lleven a eliminar los obstáculos de intereses adversos  y personales, para que se favorezca un ejercicio legítimo de quienes gobiernan, el cual debe comprometerse en la consecución del bien común y del respeto por la dignidad de la persona humana.

La diáspora venezolana residente en la Arquidiócesis de Washington ha organizado y está invitando a la celebración de la santa Eucaristía para pedir por la paz en Venezuela el domingo 10 de febrero en la catedral de San Mateo a la 1PM. Es mi deseo ratificar esta invitación a toda la comunidad para que reunidos en oración, manifestemos en fe nuestra solidaridad con la gran familia venezolana quien en este momento necesita tanto de nuestra oración.El Señor Jesús continuará derramando el don de la esperanza por un mañana mejor para quienes en virtud de su fe saben que Dios nunca abandona a su pueblo en tiempos difíciles, de necesidad y de dolor.

Qué Dios nos bendiga en su misericordia y que María Santísima en su advocación de Nuestra Señora de Coromoto continúe intercediendo por la paz de nuestros hermanos venezolanos.