En nuestro ambiente multicultural nos sentimos todos profundamente unidos en las tradiciones sobre cómo celebrar la Navidad. Para nuestros niños, los jóvenes y sus familias, el pesebre es no tan solo unas figuras que poner en el hogar, sino un elemento educativo que se convierte en una verdadera catequesis de lo sagrado y de la historia de salvación para la humanidad. 

Existen pesebres inspirados en las culturas particulares de nuestros países que contienen una diversidad de topografías y elementos autóctonos que representan el diario vivir de una  sociedad que recibe las buenas noticias del nacimiento del Salvador.

Sin embargo, observamos en el pesebre que por muchos pueblos, personajes, pastores, reyes y hasta la Sagrada Familia, que visten la escena sagrada de la Natividad del Salvador, ninguno de estos personajes se quedan en el pesebre, después de algunos días la misma historia sagrada nos dice que todos continuaron sus rutas y destinos asegurándose que la voluntad de Dios se cumpliera en cada una de sus vidas. 

El pesebre vestido en el hogar o en la iglesia parroquial pertenece a todos, como el amor de Dios pertenece al género humano, pero jamás pertenecerá a un solo individuo. 

El pesebre también nos recuerda la fragilidad de cada ser humano y la necesidad de caminar en la vida cumpliendo el designio de Dios en nuestras vidas. 

El pesebre de muchas maneras refleja la situación de los inmigrantes, evidentemente José María y Jesús son perseguidos y  no tienen un hogar. Deberán caminar por algún tiempo de sus vidas.

Es importante resaltar que aunque fue una situación difícil que la Sagrada Familia tuvo que afrontar, también es cierto que el pesebre tiene un mensaje oculto que solo a la luz de la fe lo podemos recibir. Esta es la promesa de Salvación y la promesa de la Eternidad y del Cielo que están siempre presentes en el pesebre y para todos los que a los pies del mismo podrán orar en esta Navidad. 

Jesús nace en nuestros corazones en esta Navidad para hacernos instrumentos de su amor en la vida, no tan solo de aquellos a quienes amamos y conocemos. Somos los instrumentos de amor y de presencia de Dios en la vida de aquellos que necesitan escuchar de Dios. Ese es el mejor regalo que le podemos ofrecer a Dios, ser discípulos misioneros de su amor en el mundo y en la sociedad de hoy.

Con mi bendición y los mejores deseos por una Feliz Navidad celebrada en cada una de sus familias.