La jornada mundial de la Juventud se celebrará este año en nuestro hemisferio y convendría desde ahora poder encomendar a los jóvenes que participarán en este encuentro mundial para que, amando a Jesucristo y conociendo y profundizando en la lectura de sus Evangelios, puedan anunciar con alegría la buena noticia de la Salvación. Durante estos encuentros hay muchos jóvenes que transformados por la Acción del Espíritu Santo realmente comprometen sus vidas en la misión evangelizadora de la Iglesia. Otros abrazan una vocación a la vida religiosa o al sacerdocio y otros tantos toman muy en serio su vocación a la vida familiar y al  matrimonio.

También somos conscientes de que muchos de nuestros jóvenes , que por diferentes razones,  desearían participar, no podrán ir a Panamá. Por esta razón, la Arquidiócesis de Washington en colaboración con la Arquidiócesis de Baltimore y la Diócesis de Arlington han organizado un día de reflexión juvenil en el campo universitario de la Universidad Católica en DC. Ese día es el sábado 26 de enero  y se contará con las presencia de muchos jóvenes. Habrá paneles, la celebración de la Eucaristía y hasta un concierto. Todas la actividades se van a ofrecer en inglés y español y para participar hay que inscribirse en la página cibernética de la arquidiócesis  (https://wyddc.org/faq/schedule/ ).

Les invitamos a todos los jóvenes, de 18 años hasta los 39, a tomar muy en serio este evento y a vincularse a la celebración del día de Panamá en DC.   

Uno de los más claros mensajes que el Santo Padre ha enviado a los jóvenes durante estos años de su pontificado, es el de no tener miedo y salir al encuentro de los hermanos y hermanas en la periferias de nuestras ciudades. Es allí en donde el misionero del amor de Dios encuentra su papel de ser el mediador y el instrumento de Dios en la vida de los que más necesitan de la presencia y de la misericordia del Señor. A la vez, el papa Francisco continúa invitando a los jóvenes  a reconocer la santidad de vida como una verdadera vocación a la que todos están llamados. Ser santo o santa es algo posible en la vida de todos y cada uno de los jóvenes. El mejor de los caminos está en contemplar y meditar en el ejemplo que la Virgen María nos trae con su propia vida. Amar a María será siempre imitarle y por ella encontrar el fruto de su vientre Nuestro Señor Jesús.

Mis oraciones por todos y cada uno de los miem- bros de la gran familia hispana.