Un claro y prístino mensaje de que “se puede soñar en grande” envió, a las diversas comunidades que integran la Arquidiócesis de Washington, monseñor Wilton D. Gregory, quien será instalado como el nuevo arzobispo de Washington el próximo martes 21 de mayo en la catedral de San Mateo. A los hispanos, afroamericanos, asiáticos o de cualquier otro origen, les adelantó que “no hay que hacer ningún plan pequeño" y espera que “nuestros jóvenes no hagan ningún plan pequeño en sus vidas”. Es más, destacó la presencia hispana en la Iglesia de Estados Unidos como “un regalo de Dios, una bendición por la vitalidad, la esperanza de su maravillosa vida familiar y su profunda religiosidad”. En sus declaraciones, en conferencia de prensa realizada en Atlanta, Georgia, Gregory expresó su profundo amor por nuestra comunidad que ha sido, para él, “una fuente de energía y luz”. Nobleza obliga. Ese sentimiento nos compromete -como comunidad- a redoblar nuestros esfuerzos para hacer que nuestros sueños y esperanzas sean una realidad en la construcción de la vida de fe de esta nación. En ese sentido, tenemos la gran responsabilidad de trabajar mancomunadamente para implementar nuestra visión, transmitida en el reciente V Encuentro Nacional de Pastoral Hispana. Es vital la participación de todos, tanto de los que están aquí por generaciones como de los recién llegados. Solo así podremos caminar como un todo, como Iglesia, para establecer la confianza que -como dijo el arzobispo Gregory- es el primer paso, la piedra fundacional para construir juntos una sólida andadura.

Que los retos que enfrentemos, como la intolerancia, por ejemplo, sean un acicate para compartir lo que distingue a cada comunidad de nuestra arquidiócesis. Que ese sea el reto y la visión que nos una para trabajar en proyectos multiculturales y en nuestro compromiso con la justicia social, por los que no tienen voz en las circunstancias tan aciagas que viven las familias inmigrantes. El primer arzobispo afroamericano de Washington recalcó que no se olvidará de las personas que necesitan ayuda o que han sido perjudicadas por la Iglesia o por otras personas, subrayando que ellas serán una prioridad para él. En ese sentido y a propósito del racismo, identificado por primera vez como una dificultad que tiene sus raíces en la experiencia afroamericana, reconoció que ahora la experimentan los inmigrantes, los hispanos y otras minorías como, por ejemplo, la comunidad islámica. La larga historia del catolicismo negro tiene mucho que enseñarnos para ampliar nuestro horizonte sin descuidar el hecho de que el racismo tiene una voz única en la comunidad afroamericana que ha contaminado, también, nuestra relación con otros grupos que han sufrido a manos de los que odian, en vez de dar la bienvenida. Al decir del arzobispo Gregory, la comunidad de Atlanta y su paso por ella le ayudaron a entender los problemas raciales en la cuna de Martin Luther King Jr., un pionero organizador del movimiento de Derechos Civiles. Esa vital experiencia la trae a Washington con “el espíritu de familia de dar, recibir y perdonar”.

Un acápite aparte dispensó a la encíclica medioambiental 'Laudato Si' del papa Francisco al precisar que en Atlanta desarrollaron “un plan de acción único en Estados Unidos” para responder a los desafíos sobre el medioambiente, la ecología, y el cuidado de la tierra. El plan pastoral que da respuesta a la citada encíclica, además, concitó la atención nacional e internacional y el interés de otras diócesis donde ya lo están utilizando y adaptándolo a sus propias realidades. En suma, el primer arzobispo de Washington, nacido en Chicago, Illinois, pidió a la feligresía de nuestra ciudad capital sin mayores ambages, simple y llanamente, a “soñar en grande" sin olvidar nuestra historia, quienes somos, ni lo que nos da identidad como familia y como miembros de una sociedad multicultural tan rica y variopinta que es nuestra nación: un todo.